martes, 1 de noviembre de 2011

Reseña de un proyecto solidario


En la Revista de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha aparecido este artículo sobre el proyecto que llevamos a cabo el curso pasado.

Educarse en valores

Haced el bien, para vuestro bien

Cualquier madre sentada aquella calurosa tarde de finales de junio en el patio del instituto Juan Ciudad Duarte de Bormujos, podría haberse sentido orgullosa escuchando al Hermano Salvador y a José Miguel. Dos personas totalmente implicadas en continuar el impulso vital de San Juan de Dios entre nosotros, el primero dirigiendo el comedor social que la Orden tiene en Sevilla y el segundo coordinando la obra social del Hospital que los Hermanos dirigen con tanto cariño muy cerquita de este centro educativo. Los dos dando las gracias a todos los presentes en aquella fiesta final de curso: gracias por los 335 kilos de comida recolectada, gracias por las personas a las que se podrán ayudar, por el amor que se desprende del gesto, por la conciencia social que representa, por el esfuerzo en estos tiempos especialmente duros que nos ha tocado vivir....Ya digo que cualquiera padre o cualquier madre de esos alumnos que han estado recogiendo comida durante todo el año, o simplemente colaborando, podría sentirse verdaderamente orgulloso. Satisfechos. Pero con toda seguridad, su orgullo y satisfacción se tornarían en conmoción si hubiesen podido contemplar lo que yo contemplé, si hubieran podido ver lo que yo vi. No aquella tarde, llena de aplausos y reconocimientos, sino durante los días previos que la precedieron.

Todo empezó mucho antes. En otoño. En una visita de unos alumnos al comedor social de los Hermanos de San Juan de Dios en Sevilla. Junto a ellos iba además unos alumnos a lo que solemos llamar malos estudiantes: chavales especialmente conflictivos, sin predisposición al estudio académico y con problemas de conductas dentro del aula. Pero fueron precisamente ellos, y no otros, los que obraron el "milagro".

A los pocos días, de vuelta al instituto e inquietos por la necesidad de ayudar que germinó en ellos tras la visita al comedor, comenzaron a movilizarse y emprendieron una campaña de recogida de alimentos por todo el centro. Ellos solos. Los que todos profesores llamamos malos estudiantes. Los mismos de los que nos quejábamos porque se mostraban apáticos ante cualquier actividad que les proponíamos comenzaron la campaña por cuenta propia y con la ayuda puntual de algún que otro profesor. Se marcaron un objetivo claro: que al final de curso al menos cada compañero hubiera traído un kilo de comida para poder llevarlo al comedor. Buscaron un lema ("Y tú, ¿pasas un kilo"), crearon su blog en Internet, hicieron pancartas, llenaron el centro de cajas para recoger alimentos. Pero lo más sorprendente llegó después, cuando, tras la novedad, la gente comenzó a olvidarse y dejaron de traer comida. En lugar de darse por vencidos, que hubiera sido lo que todos los profesores hubiésemos esperado, ellos siguieron trabajando para conseguir lo que se habían propuesto. Usaron todos sus recursos y su imaginación. Lo que hicieron fue hacer comidas en sus casas, traerlas al centro y darla a todo aquél que trajese un kilo de comida durante el descanso del recreo. Un kilo de comido por un pincho de tortilla de patatas o por un trozo de tarta. No se dieron por vencidos. El final de curso los sorprendió ideando una campaña de recogida de alimentos por el resto de centros escolares del pueblo.

Estefanía, Sandra, Rocío, Jehová, Jonathan, Jessica, Alejandro, Antonio, José Domingo, José Antonio. El curso que viene la mayoría no estarán ya en el instituto. Algunos habrán abandonado los estudios y estarán buscando trabajo mientras intentan conseguir su título de Secundaria por las tardes en la educación de adultos. Otros seguirán formándose para intentar ser jardineros, peluqueras o carpinteros. Incluso alguna se ha tenido que marchar a Francia, donde sus padres han encontrado trabajo en estos tiempos tan duros. Pero lo más importante de todo no es que obtuviesen conseguido recolectar 335 kilos de comida al finalizar el curso. Ni que con la comida conseguida se pueda ayudar a mucha gente. Sin duda lo más importante fue cómo lo consiguieron. Pasaron de ser los excluidos del sistema a ser protagonistas de su propia historia a ser partícipes y núcleos de la sociedad y del centro. Curiosamente fue al ayudar a los demás cuando más se ayudaron a ellos mismos, porque no hay mayor verdad que la que ya pregonaba Juan Ciudad Duarte hace muchos años: "Haced el bien, para vuestro bien".

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