miércoles, 10 de septiembre de 2014


Artículo publicado en El Diario de Sevilla el 10 de septiembre de 2014. Autor Manuel J. Ramírez Aguilera, director del CEIP Clara Campoamor de Bormujos.



EMPIEZA un nuevo curso escolar en Andalucía. Un curso cargado de ilusión y ganas de hacer bien las cosas. Un nuevo curso en el que ansiamos ver los ojos, aún vidriosos por el sueño, de los niños y niñas andaluces y andaluzas. Un curso al que todos venimos con la mochila cargada de sueños. Con las expectativas de crecer.

Nada importa, ante tanta ilusión, el cambio de leyes ni las modificaciones que los distintos gobiernos introduzcan a las vigentes. Da igual Lomce, Logse, LEA, Lopegce… Los pequeños corazones laten con fuerza en estos primeros días de septiembre. Laten de emoción. Laten de energía. Brillan buscando al amigo y amiga. Buscan a su maestro o maestra. Buscan la mirada cómplice y amable que diariamente les ayuda a crecer. Buscan la mano que les anima a subir la cuesta difícil y complicada de un nuevo curso. Nuevas enseñanzas; nuevos retos; nuevas metas.

En gran número de centros educativos andaluces, el mío uno entre mil, desde el próximo 10 de septiembre, esos niños y niñas encontrarán menos ojos a los que mirar. Menos gestos de complicidad. Menos ánimos.

Independientemente de lo que se nos diga desde el poder y sus voceros, muchos Centros han visto mermado para el próximo curso el número de maestros y maestras de sus plantillas. En el caso de mi colegio, un maestro menos. Dos ojos menos. Un corazón menos latiendo al compás del resto de pequeños corazones. Y ello debido a la política de recortes que las administraciones estatal y autonómica están imponiendo, mostrando ambas ser las dos hojas de una misma tijera.

Hasta la fecha, y ojalá alguien ponga freno a esto, la Consejería de Educación, Cultura y Deportes ha decidido no destinar a ningún Centro Educativo de Infantil y Primaria (eso se nos ha asegurado en la Delegación Territorial de Educación de Sevilla) al profesorado que venía a cubrir el horario que el profesorado mayor de 55 años tiene derecho a dejar de impartir (dos horas de docencia directa). Cuando en un colegio había un número elevado de profesionales con esta edad se mandaba un profesor/a para compensar esta reivindicación laboral sin que el alumnado pagara la factura.

Este curso que comienza, en los centros con profesorado de más de 55 años (el profesorado no está exento de envejecer), los equipos directivos habrán de gestionar quién imparte esas horas, aunque es evidente que tendrán que hacerlo los profesores que hasta ahora atendían al alumnado con necesidades de Apoyo y Refuerzo. Es decir, lo pagarán los más necesitados.

Resulta ya casi anecdótico señalar que, para más inri, cuando confluyen otras circunstancias como una reducción legal de horario en el que un profesor o profesora renuncia, de acuerdo a la normativa vigente, a uno o dos tercios de su trabajo y su sueldo para el cuidado de sus hijos (el profesorado también tiene derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral), la Consejería se embucha el dinero, no compensa ese horario con nadie ajeno al centro y se lo quita al alumnado necesitado de esa especial Atención a la Diversidad, pues esas horas de docencia han de impartirlas el resto de profesorado del centro que en ese tiempo tendría que atender al alumnado del Plan de Refuerzo.

Me gustaría ver el mismo celo en el ahorro y el cuidado del dinero público por parte de nuestros gobernantes en otras actuaciones, evitando el derroche sin sentido manteniendo macroestructuras, como el caso de la Agaeve, que por momentos duplican funciones ya asignadas a otros cuerpos y que se mantienen para extender tentáculos de control, crear administraciones paralelas y, quizás, "enchufar" en procesos de selección de personal opacos a amistades y personal de idéntico color político.

Este curso que empieza en unas horas (el de los no recortes) va a propiciar que cuando esos ojos pequeños, inseguros y llorosos busquen el amparo de quien les ayuda, se encuentren el vacío. La nada. No habrá respuesta para ellos. Estos niños y niñas no encontrarán al maestro o maestra que les daba la atención más directa. Quien con mayor celo, conocimiento y dedicación profesional les echaba una mano.

Y todo ello con el silencio cómplice y cobarde, hasta ahora, de sindicatos, asociaciones de directores, inspectores, confederaciones de asociaciones de `padres y madres, claustros de profesorado… Y lo peor: sin que a ninguno se les caiga la cara de vergüenza por no decir ¡basta! a este injustísimo tijeretazo. El recorte más injusto y vil, pues afecta a los más necesitados.

La verdadera igualdad en Educación pasa por tratar a todos de forma desigual. El alumnado más necesitado, este curso que empieza, va a ser tratado en situación de "aparente" igualdad con los demás. Las diferencias, lamentablemente, seguirán creciendo.

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